Lucha por la hegemonía: un ejemplo práctico

Creo que, de todos los nuevos conceptos sobre los que estoy aprendiendo últimamente, las ideas de hegemonía e ideología son las que más me apasionan. Comienzo a entender poco a poco por ejemplo que los conceptos que utilizamos día a día en las discusiones políticas (“libertad”, “bienestar”, “terrorismo”, etc) son establecidos por la ideología hegemónica, careciendo de un significado primitivo y unívoco. Esta entrada la escribo a colación de la entrevista a finales de diciembre en TV3 a Pablo Iglesias, en la que me parece que queda plasmado que, más allá de la opinión que nos merezcan tanto sus opiniones como su partido, Iglesias conoce estas ideas al dedillo y no hace más que llevar a la práctica sus conocimientos teóricos.

La intención de poner estos vídeos (también incluyo la sesión de preguntas de los tertulianos) no es para suscribir sus palabras o hacerlo a mayor gloria de su coleta, sino porque me parece un ejemplo excelente de política entendida también como lucha por el significado de las palabras; en este caso, de la palabra “soberanía”. Tampoco me gustaría que se leyera esta entrada en términos “españolistas”, como si fuera uno de esos nacionalistas españoles que hablan en contra del nacionalismo y la manipulación sólo cuando la hacen en los otros. Evidentemente TVE y demás funcionan también funcionan como armas de la clase hegemónica, en este caso a nivel de toda España.

 

TV3, como televisión autonómica de Cataluña, creo que puede ser identificada como uno de los medios más importantes de creación y perpetuación de la hegemonía de CiU en dicha comunidad. Lo que más me interesa de la entrevista no es su perspectiva electoralista, sino leerla en términos de una lucha por el significado de las palabras precisamente en el corazón de la maquinaria encargada de transmitir al público el contenido ideológico

Era de esperar que la entrevista se centrara en la posición de Podemos respecto a la cuestión catalana, aunque he de decir que me ha sorprendido el abrumador peso que ha tenido este tema tanto durante la entrevista como en las preguntas posteriores. Esto ya deja claro cuál que en este momento CiU sólo quiere tener sobre el tablero del juego conceptos como “derecho a decidir”, “independencia”, “pacto fiscal”…La entrevistadora intentaba conseguir respuestas concretas de Iglesias respecto a estos temas: derecho a decidir, ¿sí o no? Independencia, ¿cómo? ¿Cuándo? Entrar al juego político aceptando esta terminología tiene pocas salidas, y él lo sabe.

Lo que me ha parecido interesante, el motivo de toda esta entrada, es cómo Pablo Iglesias decide escenificar de manera total una lucha por el significado de otra idea fundamental hoy en día: la soberanía del pueblo catalán. “Soberanía”, dentro del diccionario de la hegemonía en Cataluña, es una palabra únicamente relacionada con la cuestión nacional, mientras que el líder de Podemos defiende una acepción más cercana lo que son, en mi opinión, posiciones de izquierda. Soberanía entendida como la capacidad de la población de tomar decisiones en los temas más vitales, el económico por encima de todo. Es precisamente aquí cuando la reacción de la entrevistadora es un “pero, ¿esto no haría más que posponer y difuminar el tema del que hablamos, que es la independencia?”. Es decir, “volvamos a la definición hegemónica de ‘soberanía’, la que todos los espectadores tienen en la cabeza mientras hablamos”. A pesar de que comparto muchas de las críticas a Podemos hechas desde la izquierda, me parece tranquilizador esta insistencia (a su modo, claro) en la soberanía económica; sigue siendo un discurso muy del rollo “transversal”, y sin duda están yendo a ocupar el espacio de la social-democracia reformista, pero creo que esto es en cierta forma lo que necesitábamos respecto a Cataluña.

Es interesante cómo el primer tertuliano en hablar justifica una especie de nacionalismo post-ideológico (“primero independencia, después ya veremos”) a partir de la tradición de pactos en Cataluña. Queda claro que el mecanismo de la hegemonía para fijar el significado a las palabras es precisamente hacer que esta fijación funcione de manera retroactiva, haciendo uso en este caso de los sentimientos catalanistas. Apelar a “nuestra” tradición frente al jovenzuelo de Madrit es probablemente el nivel cero de perpetuación ideológica (método “superliminal”, como decía el sargento en los Simpsons).

No estoy diciendo que Pablo Iglesias haya inventado este concepto de soberanía, ni que haya descubierto América ni nada por el estilo; simplemente me parece muy inteligente su estrategia. La gente está claro que sufre las consecuencias de la crisis, pero el conjunto de términos con el que puede articular su discurso político sigue siendo el de la clase dominante. Por tanto, es vital para lograr cualquier cambio comenzar por pelear precisamente el significado de toda esta terminología. En el caso catalán, además, tienes a una población altamente movilizada en pos de estas ideas; presentar batalla por un significante como “soberanía” se convierte, por tanto, en un intento por redirigir esta energía hacia la lucha por otros objetivos (en el caso de Iglesias, el proceso constituyente del que habla).

Un podría decir que todo esto es demasiado naïf, que no va a llegar un coletas a cambiar la idea de los catalanes simplemente por decir cuatro chorradas. Sin embargo, si bien es cierto que existen muchísimas circunstancias a tener en cuenta, creo que las encuestas recientes de Podemos en Cataluña dejan claro que, como poco, existía un porcentaje elevado de personas que estaban buscando algo distinto.

La conclusión de todo esto, más allá del caso concreto de Podemos, es que estamos en tiempos apasionantes: por primera vez en 40 años se ha abierto claramente la veda a plantearnos el conjunto de significantes que han configurado la ideología establecida a partir del 78 en España. Lo que empiezo a entender ahora es que cuando en el 15-M se gritaba “democracia real, ¡ya!” no se estaba pidiendo “más democracia” en el sentido que hasta ahora la estábamos entendiendo: la gente estaba diciendo en la calle que ya no le valía este significado. La cuestión no es qué estaba dentro de este significante, “democracia real”, como (creo que erróneamente) se solía decir. El adjetivo en cierto modo era una manera de expresar un imposible, de decir “queremos replantearnos el significado de democracia, queremos lucharle a la hegemonía sus propias palabras”.

Tl;dr: Gramsci ve la tele.

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One thought on “Lucha por la hegemonía: un ejemplo práctico

  1. Un apunte relacionado: otro tema que se toca brevemente en el segundo vídeo es el hecho de que no hubiera banderas en el mítin del partido. Escuchaba el otro día precisamente a varios tertulianos en esRadio diciendo prácticamente que “eso era trampa”, como diciendo “hombre claro, así cualquiera”. Si tan clara era la solución, ¿por qué nadie había emprendido ese camino?

    Hablaba el otro día con unos amigos que sería muy cachondo que al final la solución al mayor quebradero de cabeza del nacionalismo español fuese el bolivariano pro-etarra financiado por Irán.

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