La corrupción como síntoma (I)

Uno de los principales motivos de indignación para la gente en España hoy en día es la corrupción. Gürtel, Bárcenas, ERE’s, los Pujol…no pasa día sin que tengamos alguna nueva noticia en la que descubrimos algún millón más que nos han robado. La población parece haber dicho “¡basta ya!”, y puede que, por primera vez en 40 años, los casos de corrupción puedan tener repercusión electoral.

No es menos cierto que no pasa un día sin que leamos artículos de opinión en los que se repite una y otra vez las ideas que planteadas en el primer párrafo. Francamente, desde hace tiempo no puedo más que pensar que “algo está podrido en el estado de España”. Y no me refiero en este caso a la clase política de este país, de cuya podredumbre hablamos y oímos hablar constantemente.

A la sección “Corrupción” de los periódicos se han incorporado (junto a los ya clásicos Rato, Blesa, Bárcenas y demás) los nuevos protagonistas en la política española: Íñigo Errejón, Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero y Tania Sánchez. Una primera lectura es que el hecho de que salgan estos casos quiere decir que formalmente se les reconoce como potenciales ganadores de elecciones, como protagonistas en el juego de conseguir el poder. Ni hemos visto, ni veremos, por ejemplo, noticias similares respecto a Alberto Garzón, por razones evidentes.

Voces en Podemos ya empiezan a decir que “existe una campaña de difamación contra ellos”. Desde un punto puramente cuantitativo no se puede comparar los 425.000 € de Monedero o las irregularidades burocráticas en el contrato de Errejón con los millones de Bárcenas, por ejemplo. La respuesta que se da es clara: espérate a que tengan el poder y verás.

Mi tesis no es que exista una conspiración contra Podemos, sino que toda la cobertura mediática de casos de corrupción que hemos tenido desde hace ya varios años, lejos de ser casual e inocente, forma parte de una estrategia del sistema para su propia supervivencia, en la que identificamos a la corrupción como una enfermedad, y no como síntoma de su propia estructura.

Un primer hecho que merece ser analizado es la coincidencia entre el inicio de la crisis y la explosión de casos de corrupción. Sin duda existen causas materiales para este hecho, como, principalmente, que tanto la economía como la corrupción en partidos políticos han tenido un nexo claro: la construcción. Creo, sin embargo, que la cuestión va más allá. Cuando estalla la crisis, la gente comienza a sufrir severamente, y por tanto se pone a buscar culpables. Las noticias acerca de los millones de parados se intercalan con informaciones sobre políticos corruptos, por lo cual poco a poco la ecuación parece clara: políticos=corrupción=crisis.

Podríamos pensar que la postura de los partidos es precisamente la contraria a esta, pues nos dicen que fueron unas manzanas podridas, que no eran todos así. No obstante, pienso que esto es tan sólo la superficie: dicen que “no son todos iguales”, pero el mensaje que se ha ido transmitiendo lentamente a través de los medios de comunicación es “sí, efectivamente son todos iguales”. De este modo, es natural que cuando surjan alternativas políticas tan sólo necesitemos publicar algunos escándalos para que la población les identifique como “otros que son iguales”.

Aquí podríamos debatir largo y tendido sobre cómo esto no parece haber importado para que Podemos se sitúe en la cabeza de las encuestas, ocupando una cantidad impresionante de tiempo en los medios de comunicación, pero eso nos llevaría por otros derroteros.

El mensaje es, pues, que los políticos, sean nuevos o sean viejos, están enfermos de corrupción. Tomemos el caso de Bárcenas por ejemplo: diríamos que el PP, como partido político, tenía esta enfermedad, por lo que llevaba una contabilidad en B, repartía sobres, etc. La famosa contabilidad paralela no es más que cantidades de dinero que empresas daban al PP. ¿Qué pasa con la gente que daban dinero? Es esta clamorosa ausencia de nombres de empresarios en las noticias de corrupción que debería hacer saltar todas las alarmas.

Emprendedor hecho a sí mismo VS ladrón de guante blanco

Emprendedor hecho a sí mismo VS ladrón de guante blanco

En cierto modo, es como si todos aceptáramos que es normal que las empresas sobornen a los políticos. “Hombre, pues claro que te van a intentar untar; tú lo que tienes que hacer es mantenerte virtuoso”. Por si acaso no fuéramos a pensar así, directamente ni se mencionan en las noticias. De este modo, no entendemos la corrupción como síntoma de un sistema en el que el poder económico está en manos de personajes alejados de los focos de la opinión pública, sino como enfermedad que todo político lleva consigo como si fuera un pecado original.

En definitiva: Monedero y demás deben aceptar las reglas y dar explicaciones, sí, pero no podemos ser inocentes respecto al bombardeo constante de noticias de corrupción al que nos someten los medios de comunicación. Intelectuales de la talla de Jesús Gil y Silvio Berlusconi llegaron al poder denunciando lo corrupto que eran sus antecesores, presentándose como los empresarios sin mácula que no tenían necesidad de robar (no olvidemos que el PP en su nacimiento utilizó la misma carta de presentación).

La entrada me está quedando más larga de lo esperado, así que creo que dejaré las citas de Žižek para la siguiente.

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