Medios, jihadismo y la izquierda

Nueva entrada, después de 9 meses en blanco. Por desgracia, vuelve a ser un ataque terrorista en París el que me anima a escribir algunas líneas y dejar por escrito varias ideas que me llevan rondando la cabeza desde el triste atentado múltiple del pasado 13 de noviembre.  Esta entrada no pretende ser un análisis de las causas de los atentados, de la guerra en Siria, de cómo apareció y quién financia ISIS, etc; internet está lleno ahora mismo de artículos muy buenos al respecto. Esto es más bien un batiburrillo de ideas entorno a cómo se percibe desde los medios la posición de la izquierda ante los ataques y el jihadismo en general.

Todos los artículos escritos por personas de izquierdas sobre este tema comienzan dejando claro que condenan los ataques. Parece existir la sensación de que la postura de la izquierda europea respecto a los ataques jihadistas es la de justificar las acciones del ISIS, la de culpabilizar, en última instancia, al pueblo francés por los ataques.  Se ha puesto muy de moda la palabra “buenismo” entre los periodistas  para describir a cualquier persona que se atreva a poner algún pero a estados de alerta de tres meses, aumento del control de internet por parte del gobierno, cierre de fronteras y bombardeos como panacea a los problemas de Oriente Medio.  O estás con el pueblo francés y las bombas o estás con DAESH y los terroristas (de hecho estamos muy cerca de que baste ser de Convergencia o ERC para ser islamista).

Ejemplo de uno de estos usos de “buenismo” es este artículo de hoy de John Carlin. Una de las actitudes que se critican a los “buenistas” o “idealistas” es, como he mencionado, culpabilizar a las víctimas de los ataques. Según esta visión, muy extendida en todos los medios, la izquierda, al presentar a Occidente como culpable en gran parte de la situación en Oriente Medio, está diciendo que prácticamente los parisinos se habían buscado el ataque. Acusan a la izquierda de equidistante, de posicionarse en una situación intermedia entre los terroristas y Occidente.

Esto es absolutamente falso, en mi opinión. Es el capital, la burguesía europea y americana quienes han llevado a cabo durante décadas unas políticas esencialmente imperialistas en Oriente Medio. Podemos aceptar debatir sobre esto, y hay muchas personas que no estarán de acuerdo con esto del “imperialismo”, pero la crítica desde la izquierda debe ser entendida de manera meridianamente clara: *no* es la clase trabajadora francesa, la inmensa mayoría de la población de Francia, las que puedan ser culpadas por los errores que se mencionan en ese tipo de artículos. Han sido los diversos gobiernos, las grandes corporaciones, etc.

El quid de la cuestión, por supuesto, es que, dentro de la ideología dominante, la sociedad es un ente orgánico. La insistencia en utilizar la simbología patriótica (¿cuántas veces hemos escuchado La Marsellesa en estos días?) no es casual en absoluto: han atacado Francia, nos han atacado a todos, debemos olvidar las diferencias entre nosotros y enfrentar este problema como una nación. Por supuesto, en estas coordenadas cualquier crítica a las políticas y acciones llevadas a cabo por el gobierno y por el capital son entendidas como críticas a todo el pueblo francés. Es en este contexto que se debe entender esa frase que se puede leer por ahí: “sus guerras, nuestros muertos“.

Sin duda la connotación más habitual de “buenismo” suele ser el acusar a la izquierda de ser blanda con el islamismo, de decir que hablando, con solidaridad y amor todos los problemas se solucionarán. Aquí hay que tener las cosas muy claras: ISIS, en muchísimos aspectos, es fundamentalmente un grupo fascista. Son un enemigo feroz para las clases populares de las regiones en las que viven y son un cáncer a extirpar en el mundo. Así que ningún “buenismo”: DAESH debe ser combatido y derrotado.

Estos tertulianos y columnistas acusan a la izquierda de no querer reconocer que son las ideas del Islam radical, en las que no tiene nada que ver el imperialismo ni nada por el estilo, son la causa última por la que el jihadismo combate. No tengo prácticamente ni idea del tema, pero creo que un análisis muy somero de la Historia demuestra que el fundamentalismo islámico es un fenómeno moderno: no podemos entender su origen sin entender los procesos de colonización. Evidentemente lo que llamamos islamismo radical es una ideología tóxica, pero quedarse en las ideas y no analizar la situación material es, de manera literal, una posición idealista. ¿Alguien se atrevería a analizar el conflicto en Irlanda como una simple lucha entre católicos y protestantes? ¿Cuántas personas han culpado al catolicismo y al protestantismo de las muertes durante décadas de atentados y muerte?

Es cierto que a veces desde sectores progresistas la única receta es la tolerancia, aplicando aquello de “un enemigo es simplemente alguien a quien no conoces”.  Quedarse en “el choque de civilizaciones”, en el multiculturalismo,  sin ir a las causas materiales específicas, de las cuales la ideología emana, no es más que hacerse el juego al sistema y darles la razón al llamarnos “buenistas”.

Otro de los aspectos que caracterizan a los debates en estos tiempos post-atentados es la sensación de urgencia, de tener que actuar ya. Nuestra sociedad vive a base de impulsos: siempre hay que hacer algo en algún lugar, siempre hay que ser solidario por alguna catástrofe en alguna parte del mundo, siempre hay que mandar bombas para resolver el conflicto de turno. ¿Y después? ¿Quién se acuerda de Ucrania? ¿Quién habla de Libia? “¿Y si no estás a favor de bombardear, qué sugieres? ¿No hacer nada?” En primer lugar, los bombardeos no tienen como objetivo acabar con ISIS, sino calmar la sensación de desprotección e indefensión de Francia y Europa. En todos los medios se pueden leer opiniones de expertos en Defensa que insisten en que ninguna guerra se ha ganado sólo con ataques aéreos.

A ISIS hay que combatirlo. Se pueden encontrar artículos en los que se plantea  ayudar a los combatientes de ISIS más eficientes que conocemos: los kurdos. Por supuesto,  esto plantea una serie de problemas, comenzando con que Turquía no lo aceptaría. La cuestión es: ¿por qué iba a haber una solución ni siquiera? La realidad es que con “solución” quieren decir de todo menos acabar de manera real con DAESH, ese monstruo financiado por los estados petroleros árabes que toma como modelo de estado a Arabia Saudí.

Es un problema extremadamente complejo en el que tenemos que intentar aprender algo más cada día. La urgencia con la que se nos pide reaccionar y aceptar sin abrir la boca sus medidas nos hace recordar eso de Zizek de “sometimes doing nothing is the most violent thing to do“.

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