Italia vota No

Italia ha rechazado con un 60% del voto la reforma constitucional planteada por el ya ex-primer ministro Mateo Renzi. Los principales defensores del No a nivel nacional han sido Berlusconi, Salvini (líder de la Lega Nord, separatistas del norte de Italia reconvertidos en “populistas de derechas”) y Beppe Grillo, del Movimento Cinque Stelle. Así pues, hoy todos los medios hablan de que el populismo ha derrotado una vez más al establishment (aunque Nacho Torreblanca, ni corto ni perezoso, asegura que Renzi era un “populista institucional”).

Hoy Enric Juliana y Manolo Monereo han escrito sendos artículos bastante interesantes donde analizan los orígenes de la constitución del 1948 y los motivos económicos que llevaron a la propuesta de modificación de la misma; a ellos me remito, porque no lo iba a hacer mejor.

Una manera rápida y burda de explicar lo que se pretendía con la reforma es decir que Renzi tenía envidia de Rajoy y quería un sistema más parecido al español. En Italia prácticamente siempre el gobierno es de coalición, donde la “maggioranza” está formada por diversos partidos. La constitución de 1948, como se repite mucho estos días, fue escrita con la motivación explícita de evitar que una sola persona pudiera tener de nuevo el pode absoluto. Así pues, la idea de un gobierno de mayoría absoluta que durante cuatro años hace y deshace a placer, con dos cámaras legislativas que literalmente no podían hacer nada para evitarlo, les parece algo de otro mundo a los italianos. Muchos te dirán “pero, ¡eso es dictadura!”, y razón no les falta.

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Galileo también votó No

La modificación de la ley electoral (finalmente declarada inconstitucional) que recompensa enormemente al partido más votado y una reforma de la constitución que dejaban un Senado fundamentalmente inútil y sin poder básicamente llevaban a tener un sistema en el que un gobierno como el de Rajoy hubiera sido posible. La palabra clave es “governabilità”. La Unión Europea ve con buenos ojos tener un gobierno dócil como ha sido el español en estos últimos 5 años. Además, en Italia ha habido 64 primeros ministros en 70 años, por lo que la sensación de inestabilidad política es habitual. Renzi ha intentado ligar esta falta de estabilidad a el “bicameralismo perfecto” que supuestamente se hubiera visto superado con la reforma; es decir, al hecho de que los equivalentes al Congreso y el Senado tenían los mismos poderes. La realidad es que la inmensa mayoría de gobiernos que han caído lo han hecho ellos solitos, sin necesidad de que las dos cámaras voten a favor de hacerlo (Renzi es solo el último ejemplo de esto).

Más allá de los detalles de la reforma, está claro que ha habido un fuerte voto del No en contra de Renzi. Este No es muy variado; a nivel mediático, está claro que la campaña de Grillo, Salvini y Berlusconi ha sido la de ser oportunistas y utilizar el referéndum para hacer caer al primer ministro (el cual por otro lado comenzó la andadura de la campaña planteándolo como un plebiscito sobre su figura). En Italia no hay un partido de izquierda relevante a nivel nacional, por lo cual no se puede decir que en los medios se haya visto un apoyo del No por parte de fuerzas progresistas. Sin embargo, decenas de distintos grupos de izquierda se movilizaron fuertemente para hacer una campaña por el No enmarcada en una protesta contra toda una serie de reformas aplicadas por Renzi que han sido increíblemente dañinas para las clases populares: reforma laboral (“Jobs Act”), educativa (“Buona Scuola”), de las infraestructuras (“Sblocca Italia”), de la vivienda, etc.

Sería absurdo defender que la mayor parte del No ha sido debido a esta campaña en particular. En zonas donde la Lega Nord es fuerte, ha ganado el No. Sin embargo, también lo ha hecho en lugares como la Campagna, donde no existe la Lega y donde Nápoles es gobernada por el único alcalde de izquierda de toda Italia. De hecho, el Sí solo ha ganado en tres zonas (Trentino-Alto Adige, Toscana y Ferrara).

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“¡Luchas, crear, poder popular!”, cantado así, en español, en Roma, en la manifestación de la izquierda por el No. Emocionante.

Esto no ha sido, ni será, como el Brexit. La izquierda inglesa no se aclaró a la hora de defender la salida de la Unión Europea, y por tanto no pudo capitalizar en modo alguno la victoria del Brexit. En Italia la situación es distinta. Aunque el voto del No no haya sido movilizado por la izquierda, el caos político a partir de ahora va a ser grande, por lo que desde hoy comenzará una movilización popular que defienda este No como el inicio de algo más grande. Este movimiento debe buscar acercarse a las personas que utilizaron esta llamada al voto para protestar frente a un gobierno “de centro-izquierda” que ataca a los trabajadores , frente a una Unión Europea de las multinacionales o simplemente defendiendo una constitución con muchos artículos progresistas que nunca han sido puestos en práctica.

Como dijo Mao (“peligroso podemita acaba artículo citando al genocida Mao”), “grande es la confusión bajo los cielos, la situación es excelente”.

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Algún español hubo por Roma defendiendo el No

 

“The Beginner’s Guide”: arte y videojuegos

(Esta entrada se sale de la tónica habitual del blog, pero acabo de terminar de jugar a “The Beginner’s Guide” y tengo necesidad de escribir sobre el tema. No es una review ni describo en detalle el juego; son apenas 2 horas de gameplay, así que recomiendo encarecidamente a todos que los juguéis).

Existe ya desde hace años el debate de si los videojuegos deben ser o no considerados arte. Mi primera reacción cuando surge el tema es que si planteamos al mismo grupo de personas la pregunta “¿qué es el arte?” probablemente no llegaríamos a un acuerdo, especialmente si ninguna es artista.

Mi segundo pensamiento al respecto de este debate es el hecho de que, sobre todo en lo últimos años, ha surgido una discusión paralela: ¿son los videojuegos un deporte? Cuando me di cuenta de que los videojuegos son simplemente una platarforma en la que cabe prácticamente cualquier expresión de actividad humana que se nos ocurra, dejé de pensar si un videojuego es más o menos “artístico”, dentro de esa noción intuitiva que tenemos del arte como ese algo que comparten un cuadro, una ópera y un poema.

Ha sido al jugar a “The Beginner’s Guide” que he vuelto a pensar en la relación entre videojuegos y arte. Porque creo que este es el primer juego que de verdad hace algo que hasta ahora no se había visto en los videojuegos, donde los elementos que me llevan a categorizarlo como “arte” van más allá de los gráficos preciosistas o una narrativa compleja.

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The Beginner’s Guide” es el nuevo juego de Davey Wreden, el creador de “The Stanley Parable“. “The Stanley Parable” (TSP) ha sido probablemente uno de los juegos que más me ha sorprendido en los últimos años, así que al ver el nuevo proyecto de su creador en rebajas en Steam no dudé ni un segundo en comprarlo. TSP es lo que podríamos llamar un meta-juego: rompe todo el rato la cuarta pared; es constantemente auto-referencia; habla de manera directa a todas las expectativas que tenemos las personas que hemos jugado a videojuegos al enfrentarnos a uno nuevo. Aunque lo haga de una manera distinta, pero usando también las referencias y lugares comunes respecto a los RPG’s, creo que es uno de los motivos de que “Undertale” haya tenido tanto éxito. Por lo menos, sentí que si alguien disfrutó de TSP también disfrutaría de “Undertale“.

Por supuesto, “Undertale” y TSP no son los primeros juegos en romper la cuarta pared, hablando al jugador y haciendo referencia explícita de que se está en un videojuego. “The Secret of Monkey Island“, por poner un ejemplo, parodiaba las muertes absurdas a las que podían sucumbir los protagonistas de las aventuras gráficas de Sierra. Sin embargo, tanto “Undertale” como, especialmente, TSP, tienen como objetivo hacer al jugador reflexionar sobre lo que representa jugar un videojuego. Ambos nos hacen pensar sobre lo que quiere decir que, a diferencia del cine, la música o el teatro, la persona que lo disfruta puede hacer elecciones y hacer que la historia cambie.

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Este análisis sobre la propia disciplina creo que muestra la madurez a la que han llegado los videojuegos, porque me parece que es algo que podemos ver en casi todas las expresiones artísticas.

The Beginner’s Guide” (TBG) tiene varias similitudes con TSP, más allá de que ambos sean juegos en primera persona hechos con el motor Source. TBG también  rompe la cuarta pared de manera explícita: el narrador del juego, que es el propio creador, Davey, habla directamente al jugador. También “deconstruye” en cierto modo lo que es un videojuego, aunque esta vez el foco no está en la figura del jugador, sino en la del desarrollador, en el creador. Si sólo fuera por esto, no añadiría mucho más a lo que fue “The Stanley Parable“.

El motivo por el TBG me lleva de nuevo a pensar en videojuegos y arte es porque “The Beginner’s Guide” cuenta una historia en la que el propio videojuego tiene importancia. El argumento es simple: Davey nos dice que hace unos años conoció a Koda, un programador que se dedica como pasatiempos a hacer un montón de videojuegos. Nos dice que quiere mostrarle al mundo lo que hizo Koda y cada uno de los niveles de TBG es uno de estos juegos. Aunque en las primeras pantallas dudé, queda claro muy pronto de que Koda no existe, de que simplemente Davey está contándonos esta historia como si Koda existiera y que en realidad él mismo ha hecho todos los niveles.

El foco en “The Stanley Parable” es el rol del jugador, así que es un juego en el que tenemos que hacer elecciones todo el rato. “The Beginner’s Guide” cambia de la perspectiva del jugador a la del desarrollador, así que esencialmente es un juego lineal. Durante los primeros niveles pensaba que el juego se iba a concentrar en presentar diseños de niveles que, aunque lineales, rompen con lo habitual, en hacer una reflexión sobre porqué los juegos son habitualmente como son. Sin embargo, poco a poco queda claro que el objetivo de Davey no es simplemente hacerte probar los juegos de Koda, sino entender a esa persona, intentar ver qué es lo que intentaba transmitir al hacer los juegos que hacía.

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Conforme juegas los distintos niveles Davey te va contando lo que hacía Koda en ese momento de su vida, cuáles eran sus sentimientos y cómo se reflejan estos en los videojuegos que creaba en cada momento. Aquí vi uno de los aspectos que nunca antes había visto (al menos yo) en el mundo del videojuego: sabemos que una canción o un poema pueden ser, y son muy a menudo, reflejo del estado de ánimo del artista, y que el acto de creación es su manera ya sea de expresar lo que siente, de comunicarse con el resto del mundo o de intentar entenderse mejor. Nunca antes me había parado a pensar que esto podía también suceder con un videojuego.

No hay duda de que los millares de personas que han hecho videojuegos hasta ahora, y que los siguen haciendo, pusieron parte de ellos en lo que creaban, ya fuera a nivel de programación, de gráficos, de música, de diseño, etc. En particular los grandes diseñadores como Hideo Kojima o David Cage, que al final son los que tienen un mayor impacto en la creación del videojuego, actúan como entendemos que actúa un artista al realizar su obra.

Sin embargo, “The Beginner’s Guide” va más allá: un videojuego puede ser algo tan personal como un poema o una canción, una manera del autor de explorar su mundo más íntimo. Una interpretación de TBG es que Koda es la parte de Davey que hace juegos, su parte creadora, y “The Beginner’s Guide” es su manera de hablarle directamente a esa parte de su persona. Entabla un diálogo con el jugador, en el que este no responde hablando sino explorando los niveles, pero en realidad es una carta abierta a su Yo creador en la que trata de entender los problemas que ha atravesado en los últimos años. Se nos dice que Koda hizo juegos desde 2008 hasta 2011, año en que paró de jugar; fue precisamente ese año en el que salió “The Stanley Parable“, y Davey ha pasado cuatro años sin sacar ningún juego.

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En los niveles creados por Koda queda clara su soledad. Los pocos “personajes” que los pueblan no son más que maniquíes con un cubo en la cabeza, y Davey dice cómo queda patente que en realidad, aunque haya diálogos, Koda siempre se habla a sí mismo. No muestra los videojuegos que hace a nadie: crea esos juegos para hablarse a sí mismo.

The Beginner’s Guide” es como un poema en el que el poeta describe explícitamente que está escribiendo para purgar sus penas. Es como un fotógrafo documentando su alrededor y creando una obra con la que comunicar a los demás sentimientos que no podría expresar de otra forma. “The Stanley Parable“, o “Undertale“, o “Spec Ops: The Line” a su manera, rompieron definitivamente ese acuerdo tácito en el que los creadores y los jugadores aceptan que el mundo en el que transcurre el videojuego es distinto al nuestro.

Cuando se debate sobre si los juegos son arte o no se suele aludir a juegos “muy artísticos” como “Journey” o con tramas muy profundas como “Heavy Rain“. Siempre sentí que había algo que faltaba en la discusión, un elemento que nos hace tener a todos una impresión intuitiva de lo que es arte. No es necesario que todas las obras transmitan sentimientos profundos; es maravilloso que la mayoría de ellas tengan como objetivo entretener, en el más amplio sentido de la palabra. “The Beginner’s Guide” introduce ese elemento que me faltaba en la discusión sobre arte y videojuegos.

 

 

Medios, jihadismo y la izquierda

Nueva entrada, después de 9 meses en blanco. Por desgracia, vuelve a ser un ataque terrorista en París el que me anima a escribir algunas líneas y dejar por escrito varias ideas que me llevan rondando la cabeza desde el triste atentado múltiple del pasado 13 de noviembre.  Esta entrada no pretende ser un análisis de las causas de los atentados, de la guerra en Siria, de cómo apareció y quién financia ISIS, etc; internet está lleno ahora mismo de artículos muy buenos al respecto. Esto es más bien un batiburrillo de ideas entorno a cómo se percibe desde los medios la posición de la izquierda ante los ataques y el jihadismo en general.

Todos los artículos escritos por personas de izquierdas sobre este tema comienzan dejando claro que condenan los ataques. Parece existir la sensación de que la postura de la izquierda europea respecto a los ataques jihadistas es la de justificar las acciones del ISIS, la de culpabilizar, en última instancia, al pueblo francés por los ataques.  Se ha puesto muy de moda la palabra “buenismo” entre los periodistas  para describir a cualquier persona que se atreva a poner algún pero a estados de alerta de tres meses, aumento del control de internet por parte del gobierno, cierre de fronteras y bombardeos como panacea a los problemas de Oriente Medio.  O estás con el pueblo francés y las bombas o estás con DAESH y los terroristas (de hecho estamos muy cerca de que baste ser de Convergencia o ERC para ser islamista).

Ejemplo de uno de estos usos de “buenismo” es este artículo de hoy de John Carlin. Una de las actitudes que se critican a los “buenistas” o “idealistas” es, como he mencionado, culpabilizar a las víctimas de los ataques. Según esta visión, muy extendida en todos los medios, la izquierda, al presentar a Occidente como culpable en gran parte de la situación en Oriente Medio, está diciendo que prácticamente los parisinos se habían buscado el ataque. Acusan a la izquierda de equidistante, de posicionarse en una situación intermedia entre los terroristas y Occidente.

Esto es absolutamente falso, en mi opinión. Es el capital, la burguesía europea y americana quienes han llevado a cabo durante décadas unas políticas esencialmente imperialistas en Oriente Medio. Podemos aceptar debatir sobre esto, y hay muchas personas que no estarán de acuerdo con esto del “imperialismo”, pero la crítica desde la izquierda debe ser entendida de manera meridianamente clara: *no* es la clase trabajadora francesa, la inmensa mayoría de la población de Francia, las que puedan ser culpadas por los errores que se mencionan en ese tipo de artículos. Han sido los diversos gobiernos, las grandes corporaciones, etc.

El quid de la cuestión, por supuesto, es que, dentro de la ideología dominante, la sociedad es un ente orgánico. La insistencia en utilizar la simbología patriótica (¿cuántas veces hemos escuchado La Marsellesa en estos días?) no es casual en absoluto: han atacado Francia, nos han atacado a todos, debemos olvidar las diferencias entre nosotros y enfrentar este problema como una nación. Por supuesto, en estas coordenadas cualquier crítica a las políticas y acciones llevadas a cabo por el gobierno y por el capital son entendidas como críticas a todo el pueblo francés. Es en este contexto que se debe entender esa frase que se puede leer por ahí: “sus guerras, nuestros muertos“.

Sin duda la connotación más habitual de “buenismo” suele ser el acusar a la izquierda de ser blanda con el islamismo, de decir que hablando, con solidaridad y amor todos los problemas se solucionarán. Aquí hay que tener las cosas muy claras: ISIS, en muchísimos aspectos, es fundamentalmente un grupo fascista. Son un enemigo feroz para las clases populares de las regiones en las que viven y son un cáncer a extirpar en el mundo. Así que ningún “buenismo”: DAESH debe ser combatido y derrotado.

Estos tertulianos y columnistas acusan a la izquierda de no querer reconocer que son las ideas del Islam radical, en las que no tiene nada que ver el imperialismo ni nada por el estilo, son la causa última por la que el jihadismo combate. No tengo prácticamente ni idea del tema, pero creo que un análisis muy somero de la Historia demuestra que el fundamentalismo islámico es un fenómeno moderno: no podemos entender su origen sin entender los procesos de colonización. Evidentemente lo que llamamos islamismo radical es una ideología tóxica, pero quedarse en las ideas y no analizar la situación material es, de manera literal, una posición idealista. ¿Alguien se atrevería a analizar el conflicto en Irlanda como una simple lucha entre católicos y protestantes? ¿Cuántas personas han culpado al catolicismo y al protestantismo de las muertes durante décadas de atentados y muerte?

Es cierto que a veces desde sectores progresistas la única receta es la tolerancia, aplicando aquello de “un enemigo es simplemente alguien a quien no conoces”.  Quedarse en “el choque de civilizaciones”, en el multiculturalismo,  sin ir a las causas materiales específicas, de las cuales la ideología emana, no es más que hacerse el juego al sistema y darles la razón al llamarnos “buenistas”.

Otro de los aspectos que caracterizan a los debates en estos tiempos post-atentados es la sensación de urgencia, de tener que actuar ya. Nuestra sociedad vive a base de impulsos: siempre hay que hacer algo en algún lugar, siempre hay que ser solidario por alguna catástrofe en alguna parte del mundo, siempre hay que mandar bombas para resolver el conflicto de turno. ¿Y después? ¿Quién se acuerda de Ucrania? ¿Quién habla de Libia? “¿Y si no estás a favor de bombardear, qué sugieres? ¿No hacer nada?” En primer lugar, los bombardeos no tienen como objetivo acabar con ISIS, sino calmar la sensación de desprotección e indefensión de Francia y Europa. En todos los medios se pueden leer opiniones de expertos en Defensa que insisten en que ninguna guerra se ha ganado sólo con ataques aéreos.

A ISIS hay que combatirlo. Se pueden encontrar artículos en los que se plantea  ayudar a los combatientes de ISIS más eficientes que conocemos: los kurdos. Por supuesto,  esto plantea una serie de problemas, comenzando con que Turquía no lo aceptaría. La cuestión es: ¿por qué iba a haber una solución ni siquiera? La realidad es que con “solución” quieren decir de todo menos acabar de manera real con DAESH, ese monstruo financiado por los estados petroleros árabes que toma como modelo de estado a Arabia Saudí.

Es un problema extremadamente complejo en el que tenemos que intentar aprender algo más cada día. La urgencia con la que se nos pide reaccionar y aceptar sin abrir la boca sus medidas nos hace recordar eso de Zizek de “sometimes doing nothing is the most violent thing to do“.

La corrupción como síntoma (I)

Uno de los principales motivos de indignación para la gente en España hoy en día es la corrupción. Gürtel, Bárcenas, ERE’s, los Pujol…no pasa día sin que tengamos alguna nueva noticia en la que descubrimos algún millón más que nos han robado. La población parece haber dicho “¡basta ya!”, y puede que, por primera vez en 40 años, los casos de corrupción puedan tener repercusión electoral.

No es menos cierto que no pasa un día sin que leamos artículos de opinión en los que se repite una y otra vez las ideas que planteadas en el primer párrafo. Francamente, desde hace tiempo no puedo más que pensar que “algo está podrido en el estado de España”. Y no me refiero en este caso a la clase política de este país, de cuya podredumbre hablamos y oímos hablar constantemente.

A la sección “Corrupción” de los periódicos se han incorporado (junto a los ya clásicos Rato, Blesa, Bárcenas y demás) los nuevos protagonistas en la política española: Íñigo Errejón, Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero y Tania Sánchez. Una primera lectura es que el hecho de que salgan estos casos quiere decir que formalmente se les reconoce como potenciales ganadores de elecciones, como protagonistas en el juego de conseguir el poder. Ni hemos visto, ni veremos, por ejemplo, noticias similares respecto a Alberto Garzón, por razones evidentes.

Voces en Podemos ya empiezan a decir que “existe una campaña de difamación contra ellos”. Desde un punto puramente cuantitativo no se puede comparar los 425.000 € de Monedero o las irregularidades burocráticas en el contrato de Errejón con los millones de Bárcenas, por ejemplo. La respuesta que se da es clara: espérate a que tengan el poder y verás.

Mi tesis no es que exista una conspiración contra Podemos, sino que toda la cobertura mediática de casos de corrupción que hemos tenido desde hace ya varios años, lejos de ser casual e inocente, forma parte de una estrategia del sistema para su propia supervivencia, en la que identificamos a la corrupción como una enfermedad, y no como síntoma de su propia estructura.

Un primer hecho que merece ser analizado es la coincidencia entre el inicio de la crisis y la explosión de casos de corrupción. Sin duda existen causas materiales para este hecho, como, principalmente, que tanto la economía como la corrupción en partidos políticos han tenido un nexo claro: la construcción. Creo, sin embargo, que la cuestión va más allá. Cuando estalla la crisis, la gente comienza a sufrir severamente, y por tanto se pone a buscar culpables. Las noticias acerca de los millones de parados se intercalan con informaciones sobre políticos corruptos, por lo cual poco a poco la ecuación parece clara: políticos=corrupción=crisis.

Podríamos pensar que la postura de los partidos es precisamente la contraria a esta, pues nos dicen que fueron unas manzanas podridas, que no eran todos así. No obstante, pienso que esto es tan sólo la superficie: dicen que “no son todos iguales”, pero el mensaje que se ha ido transmitiendo lentamente a través de los medios de comunicación es “sí, efectivamente son todos iguales”. De este modo, es natural que cuando surjan alternativas políticas tan sólo necesitemos publicar algunos escándalos para que la población les identifique como “otros que son iguales”.

Aquí podríamos debatir largo y tendido sobre cómo esto no parece haber importado para que Podemos se sitúe en la cabeza de las encuestas, ocupando una cantidad impresionante de tiempo en los medios de comunicación, pero eso nos llevaría por otros derroteros.

El mensaje es, pues, que los políticos, sean nuevos o sean viejos, están enfermos de corrupción. Tomemos el caso de Bárcenas por ejemplo: diríamos que el PP, como partido político, tenía esta enfermedad, por lo que llevaba una contabilidad en B, repartía sobres, etc. La famosa contabilidad paralela no es más que cantidades de dinero que empresas daban al PP. ¿Qué pasa con la gente que daban dinero? Es esta clamorosa ausencia de nombres de empresarios en las noticias de corrupción que debería hacer saltar todas las alarmas.

Emprendedor hecho a sí mismo VS ladrón de guante blanco

Emprendedor hecho a sí mismo VS ladrón de guante blanco

En cierto modo, es como si todos aceptáramos que es normal que las empresas sobornen a los políticos. “Hombre, pues claro que te van a intentar untar; tú lo que tienes que hacer es mantenerte virtuoso”. Por si acaso no fuéramos a pensar así, directamente ni se mencionan en las noticias. De este modo, no entendemos la corrupción como síntoma de un sistema en el que el poder económico está en manos de personajes alejados de los focos de la opinión pública, sino como enfermedad que todo político lleva consigo como si fuera un pecado original.

En definitiva: Monedero y demás deben aceptar las reglas y dar explicaciones, sí, pero no podemos ser inocentes respecto al bombardeo constante de noticias de corrupción al que nos someten los medios de comunicación. Intelectuales de la talla de Jesús Gil y Silvio Berlusconi llegaron al poder denunciando lo corrupto que eran sus antecesores, presentándose como los empresarios sin mácula que no tenían necesidad de robar (no olvidemos que el PP en su nacimiento utilizó la misma carta de presentación).

La entrada me está quedando más larga de lo esperado, así que creo que dejaré las citas de Žižek para la siguiente.

Lucha por la hegemonía: un ejemplo práctico

Creo que, de todos los nuevos conceptos sobre los que estoy aprendiendo últimamente, las ideas de hegemonía e ideología son las que más me apasionan. Comienzo a entender poco a poco por ejemplo que los conceptos que utilizamos día a día en las discusiones políticas (“libertad”, “bienestar”, “terrorismo”, etc) son establecidos por la ideología hegemónica, careciendo de un significado primitivo y unívoco. Esta entrada la escribo a colación de la entrevista a finales de diciembre en TV3 a Pablo Iglesias, en la que me parece que queda plasmado que, más allá de la opinión que nos merezcan tanto sus opiniones como su partido, Iglesias conoce estas ideas al dedillo y no hace más que llevar a la práctica sus conocimientos teóricos.

La intención de poner estos vídeos (también incluyo la sesión de preguntas de los tertulianos) no es para suscribir sus palabras o hacerlo a mayor gloria de su coleta, sino porque me parece un ejemplo excelente de política entendida también como lucha por el significado de las palabras; en este caso, de la palabra “soberanía”. Tampoco me gustaría que se leyera esta entrada en términos “españolistas”, como si fuera uno de esos nacionalistas españoles que hablan en contra del nacionalismo y la manipulación sólo cuando la hacen en los otros. Evidentemente TVE y demás funcionan también funcionan como armas de la clase hegemónica, en este caso a nivel de toda España.

 

TV3, como televisión autonómica de Cataluña, creo que puede ser identificada como uno de los medios más importantes de creación y perpetuación de la hegemonía de CiU en dicha comunidad. Lo que más me interesa de la entrevista no es su perspectiva electoralista, sino leerla en términos de una lucha por el significado de las palabras precisamente en el corazón de la maquinaria encargada de transmitir al público el contenido ideológico

Era de esperar que la entrevista se centrara en la posición de Podemos respecto a la cuestión catalana, aunque he de decir que me ha sorprendido el abrumador peso que ha tenido este tema tanto durante la entrevista como en las preguntas posteriores. Esto ya deja claro cuál que en este momento CiU sólo quiere tener sobre el tablero del juego conceptos como “derecho a decidir”, “independencia”, “pacto fiscal”…La entrevistadora intentaba conseguir respuestas concretas de Iglesias respecto a estos temas: derecho a decidir, ¿sí o no? Independencia, ¿cómo? ¿Cuándo? Entrar al juego político aceptando esta terminología tiene pocas salidas, y él lo sabe.

Lo que me ha parecido interesante, el motivo de toda esta entrada, es cómo Pablo Iglesias decide escenificar de manera total una lucha por el significado de otra idea fundamental hoy en día: la soberanía del pueblo catalán. “Soberanía”, dentro del diccionario de la hegemonía en Cataluña, es una palabra únicamente relacionada con la cuestión nacional, mientras que el líder de Podemos defiende una acepción más cercana lo que son, en mi opinión, posiciones de izquierda. Soberanía entendida como la capacidad de la población de tomar decisiones en los temas más vitales, el económico por encima de todo. Es precisamente aquí cuando la reacción de la entrevistadora es un “pero, ¿esto no haría más que posponer y difuminar el tema del que hablamos, que es la independencia?”. Es decir, “volvamos a la definición hegemónica de ‘soberanía’, la que todos los espectadores tienen en la cabeza mientras hablamos”. A pesar de que comparto muchas de las críticas a Podemos hechas desde la izquierda, me parece tranquilizador esta insistencia (a su modo, claro) en la soberanía económica; sigue siendo un discurso muy del rollo “transversal”, y sin duda están yendo a ocupar el espacio de la social-democracia reformista, pero creo que esto es en cierta forma lo que necesitábamos respecto a Cataluña.

Es interesante cómo el primer tertuliano en hablar justifica una especie de nacionalismo post-ideológico (“primero independencia, después ya veremos”) a partir de la tradición de pactos en Cataluña. Queda claro que el mecanismo de la hegemonía para fijar el significado a las palabras es precisamente hacer que esta fijación funcione de manera retroactiva, haciendo uso en este caso de los sentimientos catalanistas. Apelar a “nuestra” tradición frente al jovenzuelo de Madrit es probablemente el nivel cero de perpetuación ideológica (método “superliminal”, como decía el sargento en los Simpsons).

No estoy diciendo que Pablo Iglesias haya inventado este concepto de soberanía, ni que haya descubierto América ni nada por el estilo; simplemente me parece muy inteligente su estrategia. La gente está claro que sufre las consecuencias de la crisis, pero el conjunto de términos con el que puede articular su discurso político sigue siendo el de la clase dominante. Por tanto, es vital para lograr cualquier cambio comenzar por pelear precisamente el significado de toda esta terminología. En el caso catalán, además, tienes a una población altamente movilizada en pos de estas ideas; presentar batalla por un significante como “soberanía” se convierte, por tanto, en un intento por redirigir esta energía hacia la lucha por otros objetivos (en el caso de Iglesias, el proceso constituyente del que habla).

Un podría decir que todo esto es demasiado naïf, que no va a llegar un coletas a cambiar la idea de los catalanes simplemente por decir cuatro chorradas. Sin embargo, si bien es cierto que existen muchísimas circunstancias a tener en cuenta, creo que las encuestas recientes de Podemos en Cataluña dejan claro que, como poco, existía un porcentaje elevado de personas que estaban buscando algo distinto.

La conclusión de todo esto, más allá del caso concreto de Podemos, es que estamos en tiempos apasionantes: por primera vez en 40 años se ha abierto claramente la veda a plantearnos el conjunto de significantes que han configurado la ideología establecida a partir del 78 en España. Lo que empiezo a entender ahora es que cuando en el 15-M se gritaba “democracia real, ¡ya!” no se estaba pidiendo “más democracia” en el sentido que hasta ahora la estábamos entendiendo: la gente estaba diciendo en la calle que ya no le valía este significado. La cuestión no es qué estaba dentro de este significante, “democracia real”, como (creo que erróneamente) se solía decir. El adjetivo en cierto modo era una manera de expresar un imposible, de decir “queremos replantearnos el significado de democracia, queremos lucharle a la hegemonía sus propias palabras”.

Tl;dr: Gramsci ve la tele.

Antisemitismo e islamofobia

Éramos pocos y parió la abuela.

Por si el ascenso de la ultraderecha en Europa no fuese claro, por si las recientes manifestaciones de Pegida en Alemania no fueran suficientes para reflexionar sobre la islamofobia, hace 4 días terroristas de (aparentemente) Al-Qaeda asesinan a 12 personas en la sede de la revista satírica Charlie Hebdo. No querría hacer un artículo analizando las diversas caras de este atentado, pues creo que el tema me supera; en vez de eso, querría escribir un poco acerca, precisamente, de la islamofobia.

El día siguiente a la tragedia de París leí el siguiente párrafo en “El sublime objeto de la ideología” de Žižek en el que se trata el antisemitismo:

Analicemos el antisemitismo. No basta con decir que nos hemos de liberar de los llamados “prejuicios antisemitas” y aprender a ver a los judíos como realmente son – así no cabe duda de que seguiremos siendo víctimas de estos llamados prejuicios. Hemos de confrontar cómo la figura ideológica del “judío” está investida de nuestro deseo inconsciente, cómo hemos construido esta figura para eludir un punto muerto de nuestro deseo.

Supongamos por ejemplo que una figura objetiva confirmara -¿por qué no?-  que los judíos son los que en realidad explotan económicamente  al resto de la población, que a veces seducen a nuestras hijas menores, que algunos de ellos no se lavan con regularidad. ¿No queda claro que esto no tiene nada que ver con el antisemitismo? Aquí, sólo hemos de recordar la proposición lacaniana que se refiere al marido patológicamente celoso: aun cuando todos los hechos que cuenta para defender sus celos fueran verdad, aun cuando su mujer se acostara con unos y otros, esto no cambia para nada el hecho de que sus celos sean una construcción patológica, paranoide.

Planteémonos la siguiente pregunta: en la Alemania de finales de los treinta, ¿cuál sería el resultado de esta perspectiva objetiva y no ideológica? Es probable que algo así: “los nazis condenan a los judíos con demasiada precipitación, sin un verdadero debate, así que vamos a ver las cosas sobria y fríamente para saber si son realmente culpables no; vamos a ver si hay algo de verdad en su contra”. ¿Es necesario añadir que esta manera de abordar las cosas confirmaría simplemente nuestros llamados “prejuicios inconscientes” con racionalizaciones adicionales? La respuesta adecuada al antisemitismo no es, por lo tanto, “los judíos en realidad no son así”, sino “la idea antisemita del judío no tiene nada que ver con los judíos; la figura ideológica de un judío es una manera de remendar la incongruencia de nuestro propio sistema ideológico”

Creo que queda clara la validez del texto si cambiamos “judíos” por “musulmanes”, “antisemitismo” por “islamofobia” y “Alemania de finales de los treinta” por “el mundo occidental hoy en día”. La manera de pensar acerca de estos movimientos racistas (en realidad de cualquier racismo) no es “estas creencias están basadas en datos distorsionados; debemos conocer en profundidad el mundo musulmán para ver que no son ciertas” sino analizar qué elementos de la sociedad en que se desarrolla el racismo (¿crisis?, ¿paro?, etc) se subliman en este odio. Žižek argumenta en contra de este razonamiento de “los odiamos porque no los conocemos” poniendo de ejemplo un alemán medio en los años 30. Esta persona se ve bombardeada todos los días con una apabullante publicidad antisemita; sin embargo, todos los días se encuentra con el señor Stern, un judío que es el perfecto vecino, una buena persona.

¿Cómo reaccionaría entonces nuestro pobre alemán, si fuera un buen antisemita, a esta brecha entre la figura ideológica del judío (maquinador, intrigador, explotador de nuestros hombres valientes y demás) y la experiencia común de todos los días de su buen vecino, el señor Stern? Su respuesta sería la de convertir esta brecha, esta misma discrepancia, en una argumentación en favor del antisemitismo: “¿ves cuán peligrosos son en realidad? Es difícil reconocer su verdadera naturaleza. Ellos la esconden tras la máscara de la apariencia cotidiana – y es exactamente este ocultamiento de la propia naturaleza, esta duplicidad, la que constituye un rasgo básico de la naturaleza judía.”. Una ideología en realidad triunfa cuando incluso los hechos que a primera vista la contradicen empiezan a funcionar como argumentaciones a favor.

Mi impresión es que el relato del antisemitismo que se ha construido, esencialmente a partir de películas americanas acerca de la II Guerra Mundial, nos puede llevar a la equivocada conclusión de que el odio a los judíos fue un fenómeno exclusivamente asociado a Alemania. Está claro que la explosión brutal que llevó al poder a Hitler debe estudiarse a partir de las circunstancias propias de ese país, pero no podemos olvidar que en el “país que liberó a los judíos de los campos de concentración” (si seguimos la narración de los EEUU) el antisemitismo estaba generalizado. Henry Ford, fundador de la compañía Ford y héroe de las clases medias, escribió un impresionante panfleto antisemita llamado “The International Jew, the World’s Foremost Problem” con capítulos como “Jewish” Plan to Split Society by Ideas”, “Jewish Degradation of American Baseball” o “Jewish Jazz Becomes Our National Music”. No es de extrañar que Ford recibiera la Gran Cruz del Águila Alemana, igual que otros célebres personajes como Mussolini, Franco o Himmler.

Henry Ford: gran emprendedor y mejor antisemita

Henry Ford: gran emprendedor,  mejor antisemita

Todas las acusaciones hechas por el antisemitismo a los judíos estaban asociadas a conspiraciones mundiales, incluso inventando falsos textos para justificar estas ideas; en los siglos anteriores a la creación del estado de Israel no creo que nadie pudiese culpar al pueblo judío de tener en su seno movimientos terroristas. Es precisamente aquí donde nos damos cuenta de la complicadísima tarea ante la que nos encontramos para analizar la islamofobia: parte importante del argumentario islamófobo utiliza hechos objetivos que no se pueden negar (atentados terroristas, derechos de las mujeres, etc). Si el odio al judaismo, con toda la necesidad que tenía de creer en todo tipo de conspiraciones, llevó al genocidio, ¿qué no podemos esperar del odio al Islam, en nombre del cual se asesinan a personas?

No quiero entrar en detalles que han sido analizados estos días en muchos lugares, más allá del hecho que debemos evitar caer tanto en la islamofobia como en el absurdo relativismo posmoderno. Lo que creo que es importante tener en cuenta es esta separación entre “los hechos” esgrimidos por los racistas(¿fueron los judíos los culpables de la I Guerra Mundial?, ¿apoyan secretamente todos los musulmanes la Guerra Santa, los atentados?) y las razones profundas que llevan a este fetichismo, a este convertir en un colectivo entero en el culpable de todos nuestros males.

Los musulmanes de nuestra época son los judíos de los inicios del siglo anterior. Esta vez el desafío es incluso mayor, porque hay muchos más temas que se entrelazan: colonialismo, política internacional, la crisis mundial…Quedarnos con las simples recetas del multiculturalismo, insistiendo en “la mayoría de musulmanes no son así” no hace más que darle la hegemonía en este tema a la extrema derecha, dándole en bandeja el control del Europa al fascismo.

Otra vez.

Charlie

El destino ha querido que el día que me decido a abrir el blog haya sido el 7 de enero de 2015. No me veo en la posición de dar ahora mismo una reflexión al respecto, sobre todo teniendo en cuenta la complejidad del tema, pero no puedo menos que poner una de las portadas que han llevado a la muerte a esas 12 personas.