Antisemitismo e islamofobia

Éramos pocos y parió la abuela.

Por si el ascenso de la ultraderecha en Europa no fuese claro, por si las recientes manifestaciones de Pegida en Alemania no fueran suficientes para reflexionar sobre la islamofobia, hace 4 días terroristas de (aparentemente) Al-Qaeda asesinan a 12 personas en la sede de la revista satírica Charlie Hebdo. No querría hacer un artículo analizando las diversas caras de este atentado, pues creo que el tema me supera; en vez de eso, querría escribir un poco acerca, precisamente, de la islamofobia.

El día siguiente a la tragedia de París leí el siguiente párrafo en “El sublime objeto de la ideología” de Žižek en el que se trata el antisemitismo:

Analicemos el antisemitismo. No basta con decir que nos hemos de liberar de los llamados “prejuicios antisemitas” y aprender a ver a los judíos como realmente son – así no cabe duda de que seguiremos siendo víctimas de estos llamados prejuicios. Hemos de confrontar cómo la figura ideológica del “judío” está investida de nuestro deseo inconsciente, cómo hemos construido esta figura para eludir un punto muerto de nuestro deseo.

Supongamos por ejemplo que una figura objetiva confirmara -¿por qué no?-  que los judíos son los que en realidad explotan económicamente  al resto de la población, que a veces seducen a nuestras hijas menores, que algunos de ellos no se lavan con regularidad. ¿No queda claro que esto no tiene nada que ver con el antisemitismo? Aquí, sólo hemos de recordar la proposición lacaniana que se refiere al marido patológicamente celoso: aun cuando todos los hechos que cuenta para defender sus celos fueran verdad, aun cuando su mujer se acostara con unos y otros, esto no cambia para nada el hecho de que sus celos sean una construcción patológica, paranoide.

Planteémonos la siguiente pregunta: en la Alemania de finales de los treinta, ¿cuál sería el resultado de esta perspectiva objetiva y no ideológica? Es probable que algo así: “los nazis condenan a los judíos con demasiada precipitación, sin un verdadero debate, así que vamos a ver las cosas sobria y fríamente para saber si son realmente culpables no; vamos a ver si hay algo de verdad en su contra”. ¿Es necesario añadir que esta manera de abordar las cosas confirmaría simplemente nuestros llamados “prejuicios inconscientes” con racionalizaciones adicionales? La respuesta adecuada al antisemitismo no es, por lo tanto, “los judíos en realidad no son así”, sino “la idea antisemita del judío no tiene nada que ver con los judíos; la figura ideológica de un judío es una manera de remendar la incongruencia de nuestro propio sistema ideológico”

Creo que queda clara la validez del texto si cambiamos “judíos” por “musulmanes”, “antisemitismo” por “islamofobia” y “Alemania de finales de los treinta” por “el mundo occidental hoy en día”. La manera de pensar acerca de estos movimientos racistas (en realidad de cualquier racismo) no es “estas creencias están basadas en datos distorsionados; debemos conocer en profundidad el mundo musulmán para ver que no son ciertas” sino analizar qué elementos de la sociedad en que se desarrolla el racismo (¿crisis?, ¿paro?, etc) se subliman en este odio. Žižek argumenta en contra de este razonamiento de “los odiamos porque no los conocemos” poniendo de ejemplo un alemán medio en los años 30. Esta persona se ve bombardeada todos los días con una apabullante publicidad antisemita; sin embargo, todos los días se encuentra con el señor Stern, un judío que es el perfecto vecino, una buena persona.

¿Cómo reaccionaría entonces nuestro pobre alemán, si fuera un buen antisemita, a esta brecha entre la figura ideológica del judío (maquinador, intrigador, explotador de nuestros hombres valientes y demás) y la experiencia común de todos los días de su buen vecino, el señor Stern? Su respuesta sería la de convertir esta brecha, esta misma discrepancia, en una argumentación en favor del antisemitismo: “¿ves cuán peligrosos son en realidad? Es difícil reconocer su verdadera naturaleza. Ellos la esconden tras la máscara de la apariencia cotidiana – y es exactamente este ocultamiento de la propia naturaleza, esta duplicidad, la que constituye un rasgo básico de la naturaleza judía.”. Una ideología en realidad triunfa cuando incluso los hechos que a primera vista la contradicen empiezan a funcionar como argumentaciones a favor.

Mi impresión es que el relato del antisemitismo que se ha construido, esencialmente a partir de películas americanas acerca de la II Guerra Mundial, nos puede llevar a la equivocada conclusión de que el odio a los judíos fue un fenómeno exclusivamente asociado a Alemania. Está claro que la explosión brutal que llevó al poder a Hitler debe estudiarse a partir de las circunstancias propias de ese país, pero no podemos olvidar que en el “país que liberó a los judíos de los campos de concentración” (si seguimos la narración de los EEUU) el antisemitismo estaba generalizado. Henry Ford, fundador de la compañía Ford y héroe de las clases medias, escribió un impresionante panfleto antisemita llamado “The International Jew, the World’s Foremost Problem” con capítulos como “Jewish” Plan to Split Society by Ideas”, “Jewish Degradation of American Baseball” o “Jewish Jazz Becomes Our National Music”. No es de extrañar que Ford recibiera la Gran Cruz del Águila Alemana, igual que otros célebres personajes como Mussolini, Franco o Himmler.

Henry Ford: gran emprendedor y mejor antisemita

Henry Ford: gran emprendedor,  mejor antisemita

Todas las acusaciones hechas por el antisemitismo a los judíos estaban asociadas a conspiraciones mundiales, incluso inventando falsos textos para justificar estas ideas; en los siglos anteriores a la creación del estado de Israel no creo que nadie pudiese culpar al pueblo judío de tener en su seno movimientos terroristas. Es precisamente aquí donde nos damos cuenta de la complicadísima tarea ante la que nos encontramos para analizar la islamofobia: parte importante del argumentario islamófobo utiliza hechos objetivos que no se pueden negar (atentados terroristas, derechos de las mujeres, etc). Si el odio al judaismo, con toda la necesidad que tenía de creer en todo tipo de conspiraciones, llevó al genocidio, ¿qué no podemos esperar del odio al Islam, en nombre del cual se asesinan a personas?

No quiero entrar en detalles que han sido analizados estos días en muchos lugares, más allá del hecho que debemos evitar caer tanto en la islamofobia como en el absurdo relativismo posmoderno. Lo que creo que es importante tener en cuenta es esta separación entre “los hechos” esgrimidos por los racistas(¿fueron los judíos los culpables de la I Guerra Mundial?, ¿apoyan secretamente todos los musulmanes la Guerra Santa, los atentados?) y las razones profundas que llevan a este fetichismo, a este convertir en un colectivo entero en el culpable de todos nuestros males.

Los musulmanes de nuestra época son los judíos de los inicios del siglo anterior. Esta vez el desafío es incluso mayor, porque hay muchos más temas que se entrelazan: colonialismo, política internacional, la crisis mundial…Quedarnos con las simples recetas del multiculturalismo, insistiendo en “la mayoría de musulmanes no son así” no hace más que darle la hegemonía en este tema a la extrema derecha, dándole en bandeja el control del Europa al fascismo.

Otra vez.

Advertisements